María Teresa Ealy DíazOpinión

Los cargos pasan. Los resultados quedan

Hay quienes entienden la política como un calendario: inicia el periodo de sesiones, aparecen las agendas, se encienden los reflectores y comienza el movimiento. Cuando el Congreso entra en receso, algunos también parecen entrar en pausa. Yo no comparto esa idea.

Este primero de septiembre comienza el Primer Periodo de Sesiones del Tercer Año de la LXVI Legislatura. Para algunos, eso significa volver al trabajo. Para mí, significa continuarlo.

Porque una curul no es un privilegio. Es una responsabilidad. Y esa responsabilidad no desaparece cuando el Congreso entra en receso.

Los problemas no piden permiso para aparecer. La inseguridad no revisa el calendario legislativo. Una calle no espera al siguiente periodo para deteriorarse. Una mujer víctima de violencia no puede poner su realidad en pausa. Una familia que necesita una solución tampoco.

La realidad no entra en receso.

Por eso, quienes tenemos el honor de representar a la ciudadanía tampoco deberíamos hacerlo.

Durante estos meses, el Poder Legislativo continuó sus funciones a través de la Comisión Permanente. Pero mi trabajo tampoco se limitó al recinto legislativo.

Seguí en las calles. Seguí recorriendo colonias. Seguí escuchando a vecinas y vecinos. Seguí acompañando gestiones. Seguí buscando soluciones. No para llenar una agenda de fotografías, sino porque la política que no toca tierra termina hablando sola.

Y hay algo que para mí debe quedar muy claro: no basta con ocupar una curul para decir que se representa a la gente.

Representar significa hacerse cargo. Significa dar la cara. Significa escuchar incluso cuando lo que se escucha incomoda. Significa regresar después de haber prometido gestionar algo. Significa entender que detrás de cada solicitud hay una persona que espera una respuesta, no un discurso.

Porque una diputada no puede limitarse a levantar la mano en el Pleno y creer que con eso cumplió.

La tribuna es indispensable. Pero la calle también. El debate parlamentario importa. Pero también importa saber qué está pasando afuera de las paredes del Congreso.

Una iniciativa puede cambiar una ley. Una gestión puede resolver un problema. Una conversación puede revelar una realidad que no aparece en ningún informe.

Por eso creo en una política que legisla con los pies en la tierra.

La Cámara de Diputados debe discutir los grandes asuntos nacionales, construir acuerdos, defender derechos y transformar las instituciones. Pero ninguna reforma debería perder de vista a la persona que está al otro lado de la ley.

Ese es el verdadero sentido de representar.

No hablar de la gente desde lejos, hablar con la gente. No esperar a que los problemas lleguen al Congreso, ir a donde están. No aparecer únicamente cuando hay elecciones, estar también cuando nadie está mirando.

Porque la política no debería medirse por la cantidad de discursos pronunciados, sino por la capacidad de convertirlos en acciones. Y tampoco debería medirse por cuántas veces aparecemos en una fotografía, sino por cuántas veces regresamos al lugar donde nos comprometimos a hacer algo.

Los reflectores pueden registrar una presencia. Los resultados demuestran una responsabilidad.

Por eso el territorio no es una actividad secundaria de mi trabajo legislativo. Es una fuente de información. Es una forma de rendir cuentas. Y, sobre todo, es una manera de recordar por quién estamos ahí.

Lo que escuchamos en una colonia debe llegar a la agenda pública. Lo que discutimos en el Congreso debe regresar a las calles convertido en derechos, soluciones y resultados.

Ese puente entre el Congreso y el territorio es, para mí, la verdadera representación popular.

Porque si la política pierde contacto con la realidad, pierde también su razón de ser.

El tercer año de esta Legislatura llega con enormes desafíos. Habrá reformas que discutir. Derechos que defender. Causas que impulsar. Decisiones que exigirán firmeza.

Y frente a todo ello, tengo una convicción: no vine a ocupar una silla. Vine a asumir una responsabilidad.

No vine a esperar los reflectores, vine a trabajar con o sin ellos. No vine a administrar un cargo, vine a honrar la confianza que millones de mexicanas y mexicanos depositan en quienes tenemos la responsabilidad de representarlos.

Y eso exige algo que parece sencillo, pero que en política no siempre lo es: estar.

Estar en la tribuna. Estar en las calles. Estar frente a los problemas. Estar junto a quienes necesitan ser escuchados. Estar cuando las cosas salen bien y, sobre todo, cuando todavía falta mucho por resolver.

Porque ocupar un cargo público puede ser temporal. La responsabilidad de honrarlo es permanente.

El primero de septiembre regresamos al Pleno. Yo no regreso al trabajo. Regreso a continuar una tarea que nunca se detuvo.

Con más experiencia. Con más causas. Con más territorio. Y con la misma convicción del primer día.

Porque representar a México es uno de los mayores honores que puede recibir una persona. Pero el honor, por sí solo, no sirve de nada.

El honor se demuestra trabajando.

Y mientras tenga la oportunidad de representar a mi país, voy a seguir haciéndolo donde corresponde: en la tribuna, en las calles y del lado de la gente.

Porque trabajar por México no tiene horarios. No tiene temporadas. No tiene recesos.

Tiene responsabilidad. Y esa responsabilidad se honra todos los días.

María Teresa Ealy Díaz
Diputada Federal
LXVI Legislatura

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Dip. María Teresa Ealy Díaz

Abogada penalista por la Universidad Iberoamericana y maestra en Género por la Global Open Campus University. Fundadora de la Fundación María Teresa Ealy Díaz A.C., dedicada al acompañamiento jurídico y psicológico de mujeres víctimas de violencia. Diputada federal por la Ciudad de México en la LXVI Legislatura, donde es secretaria de la Comisión de Juventud e integrante de las comisiones de Igualdad de Género y Justicia (Morena). Entre otros reconocimientos, ha recibido el Premio Hayek Internacional y el Premio Nacional de la Mujer 2024, y figura en Los 300 Líderes Más Influyentes de México 2025. Colabora como columnista de opinión en El Universal y SDP Noticias, especialista en justicia, violencia de género, derechos humanos y juventudes. Sus columnas reflejan su punto de vista personal y no representan la línea editorial de este medio.

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