OpiniónRodrigo Jiménez Arce

La doble moral del activismo oficialista: censura y la mordaza a la diversidad sexual crítica

El uso del aparato institucional para sofocar la disidencia política se ha convertido en la firma operacional del partido en el poder. La embestida jurídica y mediática orquestada desde MORENA en contra de Miguel Alfredo Hernández Peñaflor, conocido en el debate público y las redes sociales como Mike Peñaflor, representa un síntoma alarmante de esta deriva autoritaria: la persecución directa a una voz crítica que pertenece, además, a las poblaciones de la diversidad sexual.

El caso de Peñaflor saca a la luz la hipocresía estructural con la que el régimen procesa la disidencia. Cuando una persona LGBTTTIQ+ abraza el discurso oficialista, se le aplaude y exhibe como trofeo de inclusión; pero si esa misma persona decide militar en la oposición, cuestionar la narrativa gubernamental o denunciar los evidentes lazos entre diversos políticos  del «morenato» y el crimen organizado, el aparato del Estado no duda en activar sus mecanismos coercitivos e institucionales para intentar silenciarla. La libertad de expresión,  en la autollamada Cuarta Transformación, parece ser un privilegio condicionado a la subordinación partidista.

Lo más revelador, y preocupante, de este episodio no es solo el acoso institucional proveniente del poder, sino el silencio sepulcral de los sectores del activismo LGBTTTIQ+ alineados al régimen. Aquellas voces que suelen encender las alarmas y rasgarse las vestiduras ante el supuesto “avance de la derecha» en Latinoamérica, hoy guardan una complicidad vergonzosa. Están demasiado ocupadas construyendo enemigos fantasma e instrumentalizando el miedo electoral como para defender a un integrante de nuestra propia comunidad cuando este es censurado por la izquierda gobernante.

Este doble rasero desnuda una verdad incómoda: para el activismo cooptado por el oficialismo, la defensa de los derechos humanos y la libertad de pensamiento pasa a segundo plano si la agresión proviene de sus aliados políticos. Priorizan la disciplina de partido por encima del principio fundamental de que la diversidad sexual no es —ni debe ser jamás— un bloque ideológico monolítico. Pertenecer a la comunidad LGBTTTIQ+ no nos obliga a rendirle pleitesía a un proyecto político en particular.

La libertad de expresión es indivisible: o se defiende para todas las personas, independientemente de su filiación partidista, o se convierte en simple propaganda. Si los colectivos de la diversidad sexual permiten que el poder estatal silencie a figuras como Mike Peñaflor sin condenar el atropello, estarán aceptando implícitamente que sus derechos no son verdaderas libertades, sino concesiones precarias sujetas al capricho del régimen en turno.

-Rodrigo Jiménez Arce

Rodrigo Jiménez Arce

Activista y defensor de los Derechos Humanos de las personas viviendo con VIH, fundador de la Organización de la Sociedad Civil conocida como Círculo Diverso, encargada de la difusión y cuidado de los Derechos sexuales y reproductivos de la población; servidor público en diversas instituciones federales y de la Ciudad de México, actualmente Jefe de Departamento de la Unidad de Diversidad de la alcaldía Cuauhtémoc.

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