Dr. Diego Antonio PreciadoOpinión

No se trata de sólo de él, se trata de los dos…

Hay un silencio muy particular que se instala en una recámara cuando algo no sale como se esperaba. No es el silencio incómodo de una pelea, sino uno todavía más incómodo y frustrante: el de la vergüenza; el silencio de dos personas que se aman y no saben qué decirse después de que el cuerpo no respondió como querían.

La disfunción eréctil y la eyaculación precoz son de los temas sexuales más comunes en la consulta médica —y de los que más silencio existe en la vida real. Le pasa a hombres de veinte, de cuarenta, o de setenta años. Puede ocurrir por estrés, por ansiedad de desempeño, por cansancio, por medicamentos, por enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión, o simplemente porque el cuerpo, ese día, decidió no cooperar. No es un fallo de masculinidad. Es fisiología, es mente, es cuerpo funcionando bajo presión, como una máquina a ‘marchas forzadas’.

Pero aquí está lo que casi nadie cuenta: esto no le pasa solo a él; también le pasa a la pareja. A la mujer que empieza a preguntarse si él ya no la desea, quizá hizo algo mal, o tal vez el problema es ella y él podría funcionar mejor con otra pareja. Mientras el tiempo pasa, el hombre empieza a evitar la intimidad por “miedo a fallar» otra vez, y sin darse cuenta construye una distancia que duele más que cualquier disfunción física. El sexo deja de ser encuentro y se convierte en examen. Y los exámenes, todos lo sabemos, generan ansiedad —la misma ansiedad que empeora el problema, contruyendo un círculo vicioso donde mas ansiedad emperoa el desempeño y un peor desempeño aumenta la ansiedad.

La eyaculación precoz suma otra capa de frustración: la sensación de que el momento se escapa antes de llegar, la prisa que ninguno de los dos pidió. Y en ambos casos, lo que más lastima no es el síntoma en sí, sino lo que se calla alrededor de él: las miradas que se evitan, las excusas para no tener intimidad, el «no pasa nada» que en realidad esconde mucho, el “la próxima será mejor” cuando quizá no haya una próxima ocasión

La buena noticia es que ambos son de los problemas sexuales más tratables que existen. Hay opciones farmacológicas, terapia sexual, terapia de pareja, cambios de hábitos que ayudan de verdad. Pero el primer paso no es una pastilla ni una cita con el urólogo — aunque ambas cosas pueden ayudar y valen la pena—. El primer paso es hablarlo; en pareja, sin culpas, sin burlas, sin que uno cargue solo con el peso de una situación compartida.

Si tu pareja está pasando por esto, la pregunta que puede cambiarlo todo no es «¿qué te pasa?«, sino «¿cómo lo enfrentamos juntos?«. Porque en la cama, como en casi todo lo demás, los problemas que se comparten pesan menos que los que se cargan en silencio

Dr. Diego Antonio Preciado Estrella

Médico Cirujano. Universidad de. Guadalajara. 2011 Laparoscopia Avanzada. Hospital Juárez / UNAM. 2017 Especialista en Urología. Hospital Gea / UNAM. 2018 Alta especialidad en Urología Oncológica. Instituto Nacional de Cancerología / UNAM. 2019 Andrología clínica. Fundaçió Puigvert /. Barcelona. 2021 Certificación en Cirugía Robótica. Hospital Israelita de SaoPaulo. 2022 Adscrito Urología Hospital Ángeles Universidad

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