No se puede fabricar en meses lo que no se trabajó en tres años

La política mexicana tiene una costumbre que deberíamos dejar atrás, hablar mucho de la gente y escuchar muy poco a la gente.
Hablamos de grandes reformas, presupuestos millonarios, transformaciones históricas y proyectos que suenan enormes desde una tribuna. Pero cuando camino por las colonias de la Alcaldía Miguel Hidalgo, las vecinas y vecinos rara vez me hablan de eso.
Me preguntan algo mucho más sencillo: “¿Cuándo van a resolver esto?”
Y ese “esto” puede ser un bache que lleva meses ahí, una luminaria apagada, una banqueta destruida, un parque abandonado, una calle insegura, un problema que alguien lleva meses —a veces años— reportando sin obtener respuesta, o simplemente una gestión que nadie ha querido atender.
Para quien observa el problema desde un escritorio puede ser solamente un pendiente más, pero para quien vive ahí, es su vida diaria.
Es el camino de sus hijos a la escuela, es el trayecto al trabajo, es la calle que una mujer recorre de noche, es el lugar donde camina una persona adulta mayor, es el espacio donde una familia construye su vida cotidiana.
Por eso hay algo que me niego a aceptar: que nos acostumbremos al abandono.
Un bache no es paisaje. Una luminaria apagada no es paisaje. Una banqueta rota no es paisaje. Un parque abandonado no es paisaje.
Cuando un problema permanece durante meses sin solución, lo que se normaliza no es el problema, se normaliza la indiferencia. Y esa indiferencia también es una decisión política.
Por eso nació “TransforMT”.
No para hacer propaganda. No para tomarnos fotografías. No para aparentar que una diputada puede sustituir las facultades de un gobierno local. Y tampoco para descubrir el territorio cuando se acercan los tiempos electorales.
Yo ya estaba ahí.
Desde el primer día decidí recorrer las calles de la Alcaldía Miguel Hidalgo, escuchar a las vecinas y a los vecinos y conocer de primera mano los problemas que enfrentan.
Porque hay una diferencia enorme entre usar el territorio y trabajar en el territorio.
La primera aparece cuando hay elecciones. La segunda empieza mucho antes y continúa cuando las cámaras se apagan.
Por supuesto que cada autoridad tiene responsabilidades específicas. Y sí, hay problemas que corresponden directamente a la alcaldía. Pero hay una frase que, aunque pueda ser administrativamente correcta, políticamente me parece inaceptable: “No me corresponde.”
Porque cuando una persona lleva meses tocando puertas, esa respuesta no resuelve nada.
Lo que necesita es que alguien diga: “Vamos a ver cómo lo resolvemos.”
Eso es lo que significa para mí hacer política. No sustituir a quien tiene una responsabilidad. Sino no abandonar a quien necesita una solución.
Porque gestionar no es usurpar facultades. Es asumir una responsabilidad frente a la gente.
Y ahí está la diferencia entre una política de escritorio y una política de territorio. La primera pregunta, “¿De quién es la competencia?”, la segunda pregunta, “¿cómo le ayudamos a la gente a resolverlo?”.
Yo prefiero la segunda.
Porque los cargos públicos no son permisos para desentendernos de los problemas. Son responsabilidades para enfrentarlos.
Por eso TransforMT comienza con algo tan concreto como una calle. Porque no creo en una transformación que solamente pueda explicarse en un discurso. Creo en una transformación que pueda caminarse, que pueda verse, que pueda sentirse, que una vecina pueda señalarla y decir “aquí antes había un problema, hoy ya no.”
Eso es transformar. Y también por eso creo que la política nacional y el territorio no pueden vivir separados.
Desde la Cámara de Diputados podemos cambiar leyes. Podemos impulsar reformas. Podemos construir políticas públicas. Pero ninguna reforma puede sustituir la obligación de escuchar a quienes todos los días enfrentan los problemas que esas leyes buscan resolver.
La política que pierde contacto con la calle termina convirtiéndose en política de escritorio. Y la política de escritorio termina hablando sobre la gente, pero nunca con la gente.
Yo no quiero eso. Quiero una política que tenga los pies en la tierra. Literalmente.
Una política que camine. Que escuche. Que gestione. Que dé seguimiento. Que regrese. Y que, cuando las cosas no salgan, dé la cara.
Porque también hay algo que debemos decir sin miedo, la gente ya está cansada de políticos que llegan, prometen, se toman la foto y desaparecen. Está cansada de quienes descubren una colonia cuando necesitan votos. Está cansada de quienes confunden presencia territorial con una publicación en redes sociales. Está cansada de quienes creen que gobernar es administrar discursos.
La gente quiere resultados. Y tiene todo el derecho a exigirlos.
Por eso yo no quiero que mi trabajo se mida solamente por lo que hago dentro del Congreso. Quiero que también se mida por lo que sucede afuera. Por las calles que recorremos. Por las gestiones que acompañamos. Por las puertas que tocamos. Por las soluciones que conseguimos. Y por algo todavía más importante, por la confianza que se construye cuando una persona comprueba que no la olvidaste.
Porque regresar después de escuchar a alguien vale mucho más que una fotografía tomada el día de la visita. Regresar es cumplir. Y cumplir es la forma más básica —y también más poderosa— de hacer política.
TransforMT no pretende convertir un bache en una obra. Pretende demostrar algo mucho más importante: que la política puede volver a ser útil.
Que una diputada puede legislar y al mismo tiempo caminar las calles. Que puede hablar desde la tribuna y escuchar desde la banqueta. Que puede defender grandes causas nacionales sin perder de vista los problemas concretos de una colonia. Y que el territorio no es un escenario. Es donde se pone a prueba cualquier proyecto político.
Por eso no me interesa ser una política que aparece cuando le conviene. Me interesa ser una política que está cuando hace falta.
No me interesa que me conozcan por prometer que algún día transformaré algo. Quiero que me conozcan por haber empezado a transformarlo desde ahora. Porque al final, la política se reduce a una pregunta muy sencilla: Cuando una persona tiene un problema, ¿estás ahí o no estás?
Yo elegí estar. Y voy a seguir estando.
No por una elección. No por una campaña. No por una fotografía.
Por convicción.
Y cuando llegue el momento de decidir, no todos estaremos en el mismo punto de partida. Algunos estarán comenzando a caminar. Algunas estarán empezando a conocer los problemas. Algunos estarán preparando promesas.
Así que, cuando llegue el momento, algunas van a pedir que les crean. Yo voy a tener algo que mostrar. Resultados.
-María Teresa Ealy Díaz Diputada Federal LXVI Legislatura
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