OpiniónPablo Trejo Pérez

Cuauhtémoc Cárdenas: el legado de abrir caminos democráticos

Hay personajes cuya trascendencia histórica no puede medirse únicamente por los cargos que ocuparon o por las elecciones en las que participaron. Su importancia se encuentra en los cambios que impulsaron, en las conciencias que ayudaron a despertar y en los caminos que abrieron para que otras generaciones pudieran continuar una tarea colectiva. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fue uno de esos personajes fundamentales para la historia política contemporánea de México.

Su fallecimiento nos convoca a mirar hacia atrás, reconocer una trayectoria que marcó profundamente la vida pública nacional y reflexionar sobre el significado de su legado. Hablar de Cárdenas es hablar de la lucha por la democracia, de la construcción de una izquierda con presencia nacional y de una sociedad que comenzó a exigir, con mayor fuerza, que su voluntad fuera respetada en las urnas.

Su historia política estuvo vinculada a una de las etapas más importantes de la transformación democrática del país. En 1986, junto con otros militantes del PRI, encabezó la Corriente Democrática, una expresión crítica frente a las decisiones políticas y económicas del gobierno y a los mecanismos de selección de candidaturas que prevalecían dentro de ese partido. Aquella inconformidad puso sobre la mesa una discusión que trascendía las diferencias internas: México necesitaba democratizar su vida política.

La ruptura con el partido en el que había desarrollado buena parte de su trayectoria abrió una etapa distinta. En 1988, como candidato presidencial del Frente Democrático Nacional, encabezó un movimiento que reunió a diversas fuerzas políticas y sociales. Su campaña despertó una participación ciudadana de enormes dimensiones y representó una alternativa frente a un sistema que durante décadas había concentrado el poder.

La elección del 6 de julio de 1988 quedó marcada por la interrupción del sistema de cómputo electoral, conocida como la caída del sistema, y por las denuncias de irregularidades que pusieron en duda la legitimidad del resultado. Aquel episodio dejó una profunda huella en la memoria colectiva y evidenció la urgencia de construir instituciones electorales con autonomía, credibilidad y capacidad para garantizar que cada voto contara.

Sin embargo, la relevancia de Cuauhtémoc Cárdenas también se encuentra en la decisión de encauzar aquella movilización por la vía pacífica y organizar una alternativa política duradera. En 1989 participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática, una fuerza que congregó a distintas corrientes de izquierda, movimientos sociales y ciudadanos que buscaban ampliar los espacios de participación.

No fue un proceso sencillo. La construcción de una oposición democrática implicó enfrentar resistencias, dificultades y momentos de enorme adversidad. Muchas personas defendieron sus ideales en condiciones difíciles. Por eso, al recordar aquella etapa, considero indispensable reconocer a sus principales dirigentes y a las miles de mujeres y hombres que hicieron posible que la pluralidad política ganara terreno en México.

La historia de Cárdenas también tiene un capítulo especial en nuestra ciudad. En 1997 fue elegido como el primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal mediante el voto directo de la ciudadanía. Aquella elección significó un avance decisivo para los derechos políticos de quienes vivimos en la capital, pues permitió que sus habitantes eligieran directamente a quien encabezaría el gobierno local.

Ese triunfo confirmó que la participación ciudadana podía modificar la distribución del poder y que la alternancia era una realidad posible. Para quienes entendemos la política como una actividad que debe mantenerse cerca de las comunidades, aquel momento tiene un significado especial: la democracia también consiste en reconocer la capacidad de las personas para decidir sobre su entorno y el futuro de su ciudad.

La trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas no estuvo exenta de diferencias, debates y decisiones que formaron parte de la evolución de la izquierda mexicana. Precisamente por eso, su legado debe analizarse con una mirada histórica, sin idealizaciones, pero con el reconocimiento de su contribución a la apertura política del país. Su papel en la construcción de una oposición con posibilidades reales de competir modificó el sistema de partidos y ayudó a generar condiciones para el desarrollo de instituciones electorales más confiables.

Hay una enseñanza que considero particularmente importante: la democracia no pertenece a una persona, a un partido ni a una generación. Es una conquista colectiva que debe cuidarse todos los días. Quienes participamos en la vida pública tenemos la obligación de defender el derecho a disentir, respetar la diversidad de opiniones, escuchar a la ciudadanía y reconocer que ninguna transformación puede sostenerse si se aleja de la voluntad popular.

También debemos comprender que la democracia y la justicia social son aspiraciones que se complementan. La libertad de elegir a nuestros representantes es fundamental, pero debe acompañarse de oportunidades, derechos, bienestar y condiciones dignas para todas las personas. Una vida democrática plena necesita instituciones sólidas y gobiernos comprometidos con reducir las desigualdades.

En ese sentido, reconocer la contribución histórica de Cárdenas no significa detenernos en el pasado. Significa comprender de dónde vienen muchas de las libertades políticas que hoy ejercemos y asumir la responsabilidad de fortalecerlas. Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer las luchas que hicieron posible una mayor pluralidad y a entender que los derechos nunca deben darse por garantizados.

La democracia mexicana es resultado de muchas voces, movimientos y esfuerzos. Cuauhtémoc Cárdenas ocupa un lugar destacado en esa historia porque tuvo la determinación de desafiar un sistema político cerrado y contribuir a abrir espacios para la participación ciudadana.

Su legado no debe convertirse en una referencia distante ni limitarse a los homenajes. Debe permanecer como una invitación a ejercer la política con convicciones, responsabilidad y respeto a las libertades. La mejor manera de honrar a quienes abrieron camino es continuar esa tarea, fortalecer la vida pública y trabajar para que el poder esté siempre al servicio de la gente.

Cuauhtémoc Cárdenas contribuyó a que México avanzara hacia una democracia más plural. Esa aportación forma parte de nuestra historia y constituye una responsabilidad para quienes hoy tenemos la oportunidad de seguir construyendo el país.

-Pablo Trejo, Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

X: @PabloTrejoizt

Dip. Pablo Trejo Perez

Originario de Iztacalco y profesor en la UNAM. Diputado local por el Distrito 15 de esa demarcación en el Congreso de la Ciudad de México, donde preside la Comisión de Hacienda Morena. Ha colaborado como columnista de opinión en medios como Eje Central y Uno Más Uno, especialista en gestión del agua, reforma electoral y derecho a la ciudad. Sus columnas reflejan su punto de vista personal y no representan la línea editorial de este medio.

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