Protegido contra el VIH, expuesto a todo lo demás…

Hace no tanto, recibir un diagnóstico de VIH era una sentencia. Hoy no lo es. Y algo todavía más impresionante: hoy podemos evitar que una persona se infecte con una pastilla diaria o con una inyección cada seis meses. La ciencia ha hecho su parte, y la ha hecho muy bien. Pero en mi consultorio veo todos los días la otra cara de este logro, la que no es un avance sino uno retroceso.
Empecemos por lo bueno, que es mucho. La PrEP (profilaxis preexposición), que es la combinación de tenofovir con emtricitabina, reduce el riesgo de adquirir VIH por vía sexual en alrededor de 99% cuando se toma adecuaday sistemáticamente. El lenacapavir, el nuevo ‘rockstar’ de los medicamentos, recientemente aprobado en México y próximamente disponible en farmacias, va más allá: en los estudios PURPOSE mostró una protección casi total con solo dos inyecciones al año. Eso significa que ya no depende de acordarse de una pastilla diaria ni de cargarla en la bolsa. Para quien tiene mayor exposición al virus es una herramienta revolucionaria, y no exagero cuando digo que puede cambiar el rumbo de lo que hace unos años se consideró una epidemia.
Entonces, ¿dónde está el problema? En una idea que se ha ido instalando sin hacer ruido: “si ya estoy protegido contra el VIH, ya no necesito condón”. Aunque suene lógico, no es conocimiento validado.
Y aquí cabe señalar lo obvio que a veces olvidamos: la PrEP y el lenacapavir protegen contra el VIH y contra nada más. No protegen de la sífilis, ni de la gonorrea, ni de la clamidia, ni del virus del papiloma humano, ni del herpes, ni de la hepatitis C. Todas estas infecciones se siguen transmitiendo igual que siempre, y el único método de barrera que las frena de forma importante sigue siendo el condón, ese mismo que hoy muchos guardan en el cajón.
Los médicos le llamamos a esto compensación de riesgo: cuando una persona se siente protegida, se expone más. Diversos estudios internacionales han documentado que, entre los usuarios de PrEP, el uso de condón baja y las infecciones de transmisión sexual se mantienen altas o aumentan. En México, la sífilis, que parecía cosa de libros de historia de la medicina, ha tenido un repunte alarmante en los últimos años. Ojo: no es culpa de un medicamento. Es una suma de factores. Pero el mensaje de “ya no pasa nada” no está ayudando.
Hay que ser justos: parte de ese aumento también se explica porque quienes usan PrEP se hacen pruebas cada tres meses, y por eso se detectan más casos. Eso es bueno. Una infección que se diagnostica a tiempo se trata y se corta su cadena de contagio. De hecho, este seguimiento médico frecuente es una de las grandes ventajas de estos programas.
¿Entonces son buena o mala idea? Mi respuesta como urólogo es: son una excelente idea, siempre que no se usen como pretexto. La PrEP y el lenacapavir son una capa más de protección, no un reemplazo. La prevención sexual funciona como un cinturón de seguridad: no lo quitas porque tu coche tenga bolsas de aire. Usas los dos.
Si usas o estás pensando en usar PrEP, adelante. Pero hazlo con información completa: mantén tus revisiones periódicas, vacúnate contra el VPH y la hepatitis B, habla abiertamente con tus parejas y, sí, sigue usando condón.
La ciencia nos dio una herramienta extraordinaria. Lo que sigue dependiendo de nosotros es usarla con inteligencia.




