Aquí no hay divisiones

En política hay momentos en los que las palabras adquieren un significado especial. El mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum con motivo de su Segundo Informe de Gobierno fue uno de ellos. Entre cifras, resultados y decisiones de gobierno, hubo una definición política que merece atención: “Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos, lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad”.
No es una frase menor. Es una respuesta clara a quienes desde distintos espacios han intentado presentar a la Cuarta Transformación como un proyecto fragmentado, sin dirección o enfrentado consigo mismo.
La realidad que expuso la presidenta apunta en otra dirección.
A casi dos años de haber asumido la Presidencia, Claudia Sheinbaum ha planteado la continuidad de un proyecto que tiene como eje la transformación de la vida pública, pero también una responsabilidad fundamental: gobernar con honestidad, austeridad y cercanía con la gente. En estos 23 meses, señaló, el gobierno ha reducido el gasto corriente en 200 mil millones de pesos respecto de 2024, al tiempo que los ingresos federales alcanzaron en 2025 una cifra histórica de seis billones 46 mil millones de pesos.
Eso tiene una lectura política evidente: la discusión sobre el poder público ya no puede limitarse a quién ocupa un cargo, sino para quién se gobierna.
Y la respuesta del gobierno de la presidenta ha sido insistente: para la gente.
Los Programas para el Bienestar llegarán este año a más de 42 millones de derechohabientes, con una inversión de un billón de pesos. Millones de estudiantes reciben becas, se amplían espacios educativos y se construyen viviendas para familias de menores ingresos.
Pero la transformación que encabeza Claudia Sheinbaum tiene también un componente histórico que trasciende cualquier periodo de gobierno: las mujeres llegaron a la Presidencia de México.
La propia presidenta lo destacó al señalar que las mujeres han llegado a la Constitución, a las leyes y a las decisiones fundamentales de la República. Su presencia al frente del Estado mexicano representa la culminación de una lucha histórica y, al mismo tiempo, abre la puerta para que más mujeres ocupen espacios donde durante generaciones se les negó la posibilidad de decidir.
También hay una definición sobre el papel que debe desempeñar México frente al mundo.
En una relación compleja con Estados Unidos y ante un escenario internacional marcado por tensiones económicas y conflictos, el gobierno mexicano ha optado por el diálogo y la negociación. Pero existe una línea que no está dispuesta a cruzar: la subordinación.
La presidenta lo dijo con contundencia: México quiere cooperación, diálogo y entendimiento con todas las naciones, pero cooperación no significa sometimiento y amistad no significa renunciar a nuestros principios.
Esa postura tiene un enorme significado político.
Durante mucho tiempo se pretendió que defender los intereses nacionales era incompatible con mantener buenas relaciones internacionales. Hoy México demuestra que puede dialogar sin agachar la cabeza, negociar sin renunciar a sus principios y cooperar sin poner en riesgo su soberanía.
Y esa soberanía también se construye hacia dentro.
Se construye cuando el Estado recupera capacidad para producir energía; cuando invierte en infraestructura; cuando fortalece la ciencia; cuando amplía la educación pública; cuando reconoce el agua como un derecho humano; cuando recupera los trenes de pasajeros y cuando impulsa una política industrial para fortalecer la producción nacional.
Por supuesto, México tiene problemas y desafíos. La seguridad continúa siendo una prioridad y todavía existen desigualdades que debemos combatir. El propio ejercicio de gobierno obliga a reconocer aquello que falta y a corregir lo que sea necesario.
Pero una cosa es debatir sobre los pendientes y otra muy diferente es negar que existe un proyecto.
La política democrática necesita debate, crítica y pluralidad. Eso forma parte de la vida pública. Pero también requiere reconocer cuando existe una ruta definida.
Y esa ruta, de acuerdo con el mensaje presidencial, tiene tres principios fundamentales: bienestar, justicia y soberanía.
Claudia Sheinbaum ha asumido la responsabilidad de conducir esta etapa y lo ha hecho bajo una premisa que comparto plenamente: la transformación no puede significar el regreso de los privilegios ni el abandono de quienes históricamente quedaron al margen.
Por eso, frente a quienes quieren convertir las diferencias naturales de una democracia en supuestas fracturas, conviene recordar las palabras de la presidenta: aquí no hay rompimientos.
Hay un proyecto que continúa.
Hay un pueblo que participa y decide.
Y hay una presidenta que tiene claro hacia dónde quiere llevar al país.
México es libre, soberano y digno. Y mientras mantengamos esa convicción, podremos seguir construyendo el futuro que merecen todas y todos los mexicanos.
Aquí no hay divisiones.
Hay rumbo, hay proyecto y hay una responsabilidad histórica: seguir poniendo al pueblo en el centro de la vida pública.
-Pablo Trejo Pérez. Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt



