Opinión

¿Y cuánto cuesta tu receta?

Hay una escena que se repite miles de veces al día en este país: alguien sale del consultorio, receta en mano, y entra a la farmacia con la tranquilidad de quien ya resolvió el problema. La sorpresa llega en la caja, cuando el cajero dice la cifra y uno hace, sin querer, la conversión mental a días de trabajo.

Empecemos por los números duros. Para 2026, México tendrá la inflación médica más alta de toda América Latina, con estimaciones de entre 13% y 15%, muy por encima de la inflación general, eso significa que enfermarte cada año es entre 13 y 15% más costoso que el año anterior. Y ese porcentaje no es abstracto: se traduce en pólizas de gastos médicos mayores que arrancaron el año con aumentos de entre 12% y 22%, y en algunos casos hasta 40%, presionadas también por la eliminación de la deducibilidad del IVA. Hoy, una póliza individual promedia 35 mil pesos al año. Para alguien que gana el salario mínimo -315 pesos diarios, unos 9,582 al mes-, eso equivale a casi cuatro meses de sueldo completos, sin contar deducible ni coaseguro. La medicina privada, en los hechos, ya es un artículo de lujo.

¿Y el sistema público, la supuesta red de contención? Ahí el panorama no es mejor. IMSS-Bienestar arrastra una deuda con proveedores de medicamentos y dispositivos médicos superior a 15 mil millones de pesos, y en los primeros siete meses del año se registró un incumplimiento de entregas del 84%: casi 242 millones de piezas de medicamento que nunca llegaron a las unidades de salud. Entre lo que faltó están ciclofosfamida y metotrexato, insumos básicos para tratar distintos tipos de cáncer. No hablamos de un desabasto de aspirinas: hablamos de quimioterapia. Siete de cada diez mexicanos ya perciben el desabasto como un hecho cotidiano, y casi seis de cada diez dicen haber enfrentado dificultades reales para conseguir un medicamento que necesitaban.

El resultado es previsible: el gasto de bolsillo en salud de los hogares mexicanos creció 41% entre 2018 y 2024, y el destinado específicamente a medicamentos se disparó 116% en el mismo periodo. Casi 287 mil hogares cayeron en pobreza solo por pagar de su bolsillo lo que el sistema no les dio. En los hogares más pobres, comprar medicinas absorbe la mitad del gasto en salud.

Y aquí entra el tercer actor, el que casi nunca se nombra en la sobremesa: las patentes. La semaglutida -el principio activo de Ozempic- perdió su patente en México en marzo de 2026. Pero Novo Nordisk interpuso amparos reclamando protección de datos clínicos por hasta 12 años más, y hoy jueces mexicanos siguen bloqueando la llegada de genéricos de ese y otros fármacos con patente ya vencida, como Prolia, Xgeva y Lumigan. Es el mecanismo conocido como evergreening: usar la ley, no la ciencia, para estirar un monopolio. La diferencia de precio no es menor: un mes de escitalopram de patente cuesta alrededor de $1,400 pesos; el genérico, $350. Para quien gana el mínimo, esos 1,400 pesos son el 14% de su salario mensual, por un solo medicamento.

Ahí está el contraste completo: salarios que hoy alcanzan, en el mejor de los casos, para 1.94 canastas básicas, frente a un sistema privado que exige meses de sueldo por una póliza, un sistema público que no entrega ni la quimioterapia prometida, y un entramado legal que blinda precios de patente aun cuando la ley ya debería haberlos liberado. En este punto te pregunto ¿De quién es la culpa? ¿Es de los médicos actualizados que mandan medicamentos innovadores? ¿Las grandes farmacéuticas que protegen sus patentes mientras pagan dividendos en la bolsa? ¿Los hospitales que invierten en tecnología e infraestructura? ¿El gobierno que carga con un gasto que simplemente no alcanza para todo? ¿o el paciente que prefiere un refresco de cola antes que tomar agua?… En mi opinión es una responsabilidad compartida y necesitamos organizarnos todos los sectores para cumplirle a la sociedad con el derechio humano a la salud.

Así que la próxima vez que alguien te entregue una receta, vale la pena hacer la pregunta completa: no cuánto cuesta el medicamento, sino cuánto cuesta, en este país, simplemente enfermarse y qué podemos hacer para que una enfermedad no implique una bancarota.

Dr. Diego Antonio Preciado Estrella

Médico Cirujano. Universidad de. Guadalajara. 2011 Laparoscopia Avanzada. Hospital Juárez / UNAM. 2017 Especialista en Urología. Hospital Gea / UNAM. 2018 Alta especialidad en Urología Oncológica. Instituto Nacional de Cancerología / UNAM. 2019 Andrología clínica. Fundaçió Puigvert /. Barcelona. 2021 Certificación en Cirugía Robótica. Hospital Israelita de SaoPaulo. 2022 Adscrito Urología Hospital Ángeles Universidad

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