EL VIAJE DE LA BASURA

De acuerdo con datos de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, cada día se producen 12,504 toneladas de residuos, equivalentes a 1.071 kilogramos por habitante. Milpa Alta es la demarcación con la menor cantidad, al registrar 175 toneladas diarias, mientras que Iztapalapa ocupa el primer lugar, con 1,974. En Coyoacán, la cifra asciende a 656 toneladas al día.
Atender este volumen solo es posible gracias a la incansable labor de más de 25 mil trabajadores de limpia y de quienes participan en un complejo sistema de recolección, reciclaje y transporte. Antes de describir brevemente el recorrido de la basura, conviene conocer la composición de los desechos domiciliarios en la Ciudad de México: el 56.7 % corresponde a materia orgánica; el 9.5 %, a papel y cartón; el 5.1 %, a residuos sanitarios; el 5 %, a vidrio; el 1.9 %, a textiles; el 1.7 %, a metales, y el 5 % restante se clasifica como otros.
El Gobierno de la Ciudad de México, por medio de la Secretaría de Obras y Servicios y en coordinación con las 16 alcaldías, tiene a su cargo el servicio de limpia. La dependencia realiza el barrido manual y mecánico en las vialidades primarias y en el Centro Histórico, mientras que las demarcaciones atienden las vías secundarias y se encargan de la recolección en domicilios, unidades habitacionales, escuelas y mercados.
Para el manejo y aprovechamiento de los desechos sólidos se dispone de una amplia infraestructura, integrada por 12 estaciones de transferencia, cinco centros de selección, ocho instalaciones de composta y cuatro de compactación. Estos espacios intervienen antes de que los materiales sean enviados a rellenos sanitarios ubicados fuera de la capital.
La población y el personal de limpia clasifican los desechos en orgánicos, reciclables y no reciclables. Después, una flota de tres mil vehículos los recoge y traslada a las estaciones de transferencia. De ahí pasan a los centros de selección, donde los materiales con potencial de reciclaje son identificados mediante procesos manuales o automatizados para reincorporarlos a nuevas cadenas productivas.
Los materiales inorgánicos que no pueden reutilizarse son enviados a las instalaciones de compactación, donde su volumen se reduce mediante presión mecánica. Una vez formados, los bloques se recubren con un polímero para evitar su dispersión y posteriormente se trasladan a fábricas cementeras, en las que se aprovechan como combustible derivado de desechos.
La materia orgánica se conduce a los centros de composta, cuyo producto se emplea como abono natural y para mejorar los suelos. También existe una instalación de carbonización hidrotermal, especializada en la producción de carbón vegetal, así como maquinaria destinada a triturar materiales provenientes de la construcción y demolición. A ello se suman centros de biodiésel, donde el aceite vegetal usado se transforma en un bioaditivo para vehículos de motor diésel. Finalmente, mediante la biodigestión se obtienen biogás y biofertilizantes.
No obstante, los esfuerzos para reutilizar grandes cantidades de basura todavía resultan insuficientes: más del 63 % termina en rellenos sanitarios. Parte de ella se envía a La Cañada y El Milagro, en Ixtapaluca; a Bicentenario, en Cuautitlán Izcalli; y a Rincón Verde, en Naucalpan, todos en el Estado de México, además de La Perseverancia, en Cuautla, Morelos.
La basura puede tener un destino productivo o contribuir a la regeneración ecológica; sin embargo, la mayor parte continúa acumulándose diariamente en algún punto del país, sin otro propósito que permanecer almacenada.
–Gerardo Villanueva Albarrán



