¿Deben los hombres utilizar jabón íntimo?

Hace unos par de años esta pregunta hubiera sonado ridícula. El jabón íntimo era, en el imaginario colectivo, un producto exclusivamente femenino, de esos pasillos del supermercado que un hombre cruzaba con la mirada al frente, casi tan censurable por las generaciones de nuestros bisabuelos como un rasgo de debilidad al nivel de usar una camisa color rosa o una bolsa estilo ‘mariconera’. Hoy las marcas han decidido que ahí también hay un mercado, y en cualquier farmacia ya conviven el «gel íntimo para hombre» junto al gel de ducha de siempre. La pregunta, entonces, deja de ser retórica: ¿de verdad lo necesitamos, o es otro capítulo de la maquinaria comercial que nos vende un solución para un problema que el mismo mercado se inventó?
La piel de los genitales masculinos —igual que la del resto del cuerpo— tiene un manto ácido natural, con un pH que ronda entre 4.5 y 6, ligeramente distinto al de otras zonas. Ese equilibrio es el que mantiene a raya bacterias y hongos oportunistas. Los jabones de barra tradicionales, sobre todo los más «clásicos» o con perfume intenso, suelen ser alcalinos y agresivos: pueden resecar, irritar y, paradójicamente, favorecer justo lo que buscan evitar: mal olor, comezón o dermatitis de contacto. Crealo o no, tengo pacientes que se aplican en los genitales el desodorante para las axilas o la loción para la barbilla…
Aquí es donde la ciencia y el marketing se separan. La evidencia disponible no dice que un hombre necesite un frasco especial con etiqueta rosa o azul y la palabra «íntimo» en letras grandes. Lo que sí respaldan estudios por dermatólogos y urólogos es un principio mucho más aburrido y menos vendible: usar un limpiador suave, sin sulfatos agresivos ni fragancias fuertes, con un pH cercano al de la piel. Ese jabón puede llamarse «íntimo» o simplemente ser el mismo syndet suave que ya usas en la cara. La zona genital no exige una fórmula mágica; exige que dejes de bañarla con el jabón antibacterial industrial que usas para los pies y mucho menos jab´detergente para ropa.
Un par de precisiones prácticas, porque de eso se trata una columna y no un consultorio: el glande, sobre todo si no estás circuncidado, se lava retrayendo el prepucio con agua tibia; el jabón, si lo usas ahí, debe ser mínimo y bien enjuagado, porque el exceso de limpieza también irrita. El escroto y el área perianal sí toleran un poco más de jabón, por la sudoración y el vello. Y no, nada de duchas vaginales, talcos perfumados ni «productos para adentro»: ahí no hay nada que limpiar, hay un ecosistema que se cuida solo, pero no seas insolente, tambien ayuda que al menos te retires el esmegma!
Entonces, ¿jabón íntimo sí o no? La respuesta honesta es «depende, pero probablemente no del que crees». Si tu piel es sensible, sudas mucho o ya has tenido irritación, un limpiador suave y de pH bajo —etiquetado como íntimo o no— es buena idea. Si tu piel no se queja, el jabón de manos suave del baño de tu casa cumple perfectamente. Lo que sí puedes jubilar sin culpa es el jabón de barra genérico con el que te tallas todo el cuerpo, incluidas las partes que menos lo agradecen.
La higiene íntima masculina no era, hasta hace poco, un tema de conversación. Que ahora lo sea es una buena noticia para la salud de la piel; que además se haya convertido en una categoría de producto con estrategia de precios, es simplemente el capitalismo haciendo lo que mejor sabe hacer.



