Opinión

Por si alguien me lee

«La ley puede obligarnos a cumplir un contrato, pero nunca a cumplir nuestra palabra. En su debut como columnista, el Dr. Rosendo Gómez reflexiona sobre la brecha entre las leyes que nos rigen y los valores que nos guían.»

Hay un momento extraño cuando uno decide escribir por primera vez. Mientras lo hace, no sabe si alguien llegará hasta el último párrafo o abandonará el texto a la mitad. En un salón de clases eso no ocurre. Ahí puedo ver las caras de mis alumnos, notar cuándo una explicación no convenció o cuándo un ejemplo arrancó una sonrisa. Una página, en cambio, guarda silencio. Uno escribe y después espera.

Esta es mi primera columna. No nace porque crea tener respuestas para todo. Al contrario. Nace porque, mientras más años pasan, más entiendo que casi todos seguimos aprendiendo a vivir.

Si hoy me preguntaran cuál ha sido mi mayor aprendizaje, respondería que la vida me ha ido entregando tres responsabilidades.

La primera tiene nombre y apellido: mis padres.

Durante muchos años pensé que ellos eran quienes debían enseñarme. Con el tiempo descubrí que también yo tenía una tarea: procurar que un día puedan mirar hacia atrás y se sientan orgullosos del hijo que formaron. Antes de estudiar Derecho, en mi casa aprendí algo mucho más importante que cualquier código: que la palabra vale, que los errores se reconocen y que el respeto no depende de que alguien nos esté observando. Ninguna universidad entrega un título por eso, pero sobre esos principios se sostiene cualquier profesión.

La segunda responsabilidad es mi esposa y mis hijos.

No aspiro a ser un héroe para ellos. Me conformo con ser una brújula. Las brújulas no caminan por nosotros ni evitan los tropiezos; simplemente señalan el norte cuando dejamos de verlo. Seguramente me equivocaré muchas veces como esposo y como padre. Pero espero que, cuando eso ocurra, ellos encuentren en mí a alguien capaz de escuchar, aprender, corregirse y pedir perdón.

La tercera nació en un salón de clases.

Tengo el privilegio de ser profesor universitario. Digo privilegio porque enseñar va mucho más allá de explicar conceptos o aplicar exámenes. Enseñar es recordar que, durante algunas horas a la semana, la formación de decenas de jóvenes también depende de nosotros. No solo aprenden Derecho; aprenden a cuestionar, a argumentar, a hacerse responsables de sus decisiones y, ojalá, a convertirse en mejores personas.

Quizá por eso decidí abrir este espacio.

Quiero que las conversaciones no terminen cuando acaba la clase. Quiero hablar de la familia, de los errores, del perdón, de la educación y, por supuesto, del Derecho. Pero intentaré hacerlo sin convertir las leyes en un idioma reservado para especialistas.

Porque el Derecho está presente todos los días, incluso cuando no lo notamos.

La ley puede obligarnos a cumplir un contrato, pero nunca conseguirá obligarnos a cumplir nuestra palabra. Puede imponer una sanción, pero no fabricar conciencia. Puede resolver un conflicto, pero difícilmente reparará una relación que hayamos dejado deteriorar durante años.

Las leyes nos dicen hasta dónde no debemos caer.

Los valores nos enseñan hasta dónde podemos llegar.

Con frecuencia pensamos que nuestros problemas necesitan un juez. Y no siempre es así. Muchos conflictos desaparecerían si aprendiéramos a escuchar antes de responder, a preguntar antes de suponer y a reconocer un error antes de convertirlo en una batalla.

No escribo desde un pedestal.

Escribo como hijo, como esposo, como padre, como profesor y como abogado. Como alguien que también se equivoca, que cambia de opinión y que todavía tiene mucho por aprender.

Si alguna reflexión logra que una persona piense unos minutos antes de actuar, que haga una llamada antes de presentar una demanda o que encuentre una forma distinta de mirar un problema, entonces esta columna ya habrá cumplido su propósito.

Y si nadie me lee…

Al menos habré tenido la oportunidad de poner en orden mis propias ideas.

Dr. Rosendo Gómez Hernández

Doctor en Derecho, abogado litigante y profesor en la Universidad Tecnológica de México. Egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM y con más de quince años de trayectoria profesional, ha desarrollado su carrera en el litigio, la consultoría y el servicio público. En este espacio comparte reflexiones sobre educación, familia y la presencia cotidiana del Derecho con un lenguaje cercano y alejado de tecnicismos.

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