Segundo Informe: Miguel Hidalgo tiene la palabra

Se acerca mi segundo informe legislativo. Y esta vez no quiero contarles cuánto trabajé. Quiero que lo revisen.
Que revisen qué propuse, qué defendí, cómo voté, dónde estuve, qué conseguimos y qué sigue pendiente.
Porque rendir cuentas no debería ser un ejercicio de aplausos. Debería ser un ejercicio de contraste.
¿Qué hiciste con el poder que te dieron?
Esa es la pregunta. Y yo voy a responderla.
Durante estos dos años entendí que en política hay dos maneras de construir una trayectoria: acumulando cargos o acumulando resultados.
Yo elegí la segunda.
Porque tener un cargo no demuestra nada.
Los cargos se ganan. Los nombramientos se acaban. Las fotografías envejecen. Los discursos se olvidan.
El trabajo queda.
Y precisamente por eso mi segundo informe no será un catálogo de autoelogios.
Hablaré de lo que hicimos. Pero también de lo que falta.
De las iniciativas que avanzaron y de las que siguen pendientes.
De las batallas que ganamos y de las que todavía tenemos que dar.
De los resultados, pero también de las deudas.
Porque quien solamente informa sus aciertos no está rindiendo cuentas. Está haciendo propaganda.
Y yo no le tengo miedo al contraste.
Que comparen. Que revisen. Que cuestionen. Incluso que critiquen.
Necesito no perder nunca la capacidad de escuchar.
Porque uno de los mayores peligros de la política comienza cuando dejamos de escuchar lo que nos incomoda y solamente buscamos a quien nos aplauda.
Yo prefiero escuchar una crítica incómoda que vivir rodeada de aduladores.
Pero escuchar tampoco significa quedarse callada.
En estos dos años me han atacado por prácticamente todo.
Por mi edad. Por mi apellido. Por mi partido. Por ser mujer.
Me han dicho que espere. Que baje el tono. Que entienda los tiempos. Que no incomode. Que no avance demasiado rápido.
Curiosa forma de entender la política: pedirle paciencia a quien trabaja mientras algunos llevan años esperando que su antigüedad haga el trabajo por ellos.
Yo no voy a pedir permiso para trabajar.
Y tampoco voy a aceptar esa vieja idea de que en política hay que formarse detrás de alguien hasta que llegue “tu turno”.
Los cargos públicos no tienen propietario. Las colonias no tienen dueño. Las candidaturas no se heredan. Y la trayectoria no se mide por cuántos años llevas alrededor del poder, sino por lo que hiciste cuando lo tuviste.
Eso, naturalmente, incomoda.
Porque cuando ponemos resultados sobre la mesa se acaba la comodidad del discurso.
Ya no importa quién grita más. Importa quién hizo más.
Ya no importa quién lleva más años. Importa qué hizo con ellos.
Ya no importa quién aparece más. Importa quién responde.
Y ahí sí quiero dar la discusión.
Mi trabajo legislativo está ahí. Mis posiciones están ahí. Mis iniciativas están ahí. Mis resultados están ahí.
También mis pendientes.
No escondo ninguno.
Y si alguien considera que pudo hacerlo mejor, perfecto. Que ponga su trabajo sobre la misma mesa.
Eso elevaría muchísimo la política.
Menos grilla. Menos guerra de egos. Menos políticos hablando de políticos.
Más resultados.
Porque mientras nosotros discutimos quién aparece en una fotografía, afuera hay personas esperando seguridad, agua, servicios, oportunidades y respuestas.
Ahí debería estar nuestra obsesión.
No en conservar espacios. No en administrar carreras. No en impedir que alguien más crezca.
En resolver.
Por eso estos dos años también me dejaron una certeza: no pienso convertirme en aquello que alguna vez critiqué.
No quiero acostumbrarme al cargo.
No quiero dejar de escuchar.
No quiero creer que una posición me pertenece.
Y mucho menos quiero llegar al día en que tenga que explicar mi trayectoria hablando únicamente de los puestos que ocupé.
Quiero poder hablar de lo que hice con ellos.
Eso es lo que presentaré en mi segundo informe.
Resultados. Pendientes. Errores. Batallas. Y trabajo.
Sin maquillaje.
Porque rendir cuentas también significa aceptar que siempre se puede hacer más. Y yo quiero hacer mucho más.
Así que a quienes me han criticado, gracias: sigan revisándome.
A quienes me han exigido, háganlo todavía más.
A quienes han confiado en mí, voy a seguir trabajando para responderles.
Y a quienes llevan dos años apostando a que en algún momento bajaría el ritmo, a quienes esperaban que me cansara, tengo malas noticias: apenas estoy empezando.
María Teresa Ealy Díaz
Diputada Federal
LXVI Legislatura
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