
Martes, 04 de agosto de 2026 — Ciudad de México
El robo de combustibles de ductos y pipas de Pemex, conocido como huachicol tradicional, provocó entre abril y junio la pérdida más grave para la empresa en los últimos ocho años. De acuerdo con el más reciente reporte financiero de la petrolera, encabezada por Juan Carlos Carpio Fragoso, la sustracción ilegal de crudo, gasolina, diesel y turbosina generó una pérdida operativa de 9 mil 180 millones de pesos en el segundo trimestre del año.
Un problema que crece
La cifra equivale a una pérdida diaria de 101 millones de pesos y representa un incremento de 20% respecto al mismo periodo del año pasado, pese a las acciones de las autoridades contra la ordeña ilegal y el contrabando de combustibles. El Universal buscó a Pemex para conocer su postura sobre el resultado y las medidas que implementa para combatir el huachicol, pero la empresa no respondió.
Especialistas consultados explican que el combustible sustraído representa un producto que Pemex deja de vender, y que alimenta un mercado negro donde se ofrece a precios muy por debajo de los oficiales. De acuerdo con un analista del sector, el robo a los ductos de la petrolera involucra la participación de funcionarios, incluido personal sindical, además de pipas que no se contabilizan correctamente en las terminales de almacenamiento y reparto.
Huachicol fiscal, un frente adicional
Además de la sustracción física de combustible, Pemex enfrenta el llamado huachicol fiscal, que consiste en contrabandear combustibles mediante otra fracción arancelaria para pagar menos impuestos. El año pasado, la Fiscalía General de la República abrió una investigación sobre este esquema que involucra a mandos de la Secretaría de Marina y familiares del entonces titular de la dependencia, Rafael Ojeda Durán, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador. Hasta el momento, la investigación no ha derivado en consignaciones ni imputaciones formales.
Otro analista consultado señaló que cada litro vendido de forma ilegal representa una triple pérdida para el país: el valor del producto para Pemex, la recaudación de impuestos como el IEPS y el IVA, y la capacidad de inversión de la empresa en infraestructura y exploración.
Pemex enfrenta además una deuda conjunta con proveedores de 100 mil millones de dólares y una disminución en su extracción de petróleo crudo.



