Morena, 15 años después: honrar la historia y profundizar la transformación

Hay luchas que comienzan mucho antes de que exista una organización capaz de reunirlas. Se construyen en las calles, en las comunidades, en los centros de trabajo y en los hogares donde millones de personas comparten una misma certeza: las cosas pueden cambiar y merecemos vivir en un país más justo.
La historia de Morena forma parte de esa lucha. Al conmemorar quince años de su fundación, el 2 de octubre de 2011, pienso en las generaciones que defendieron la democracia, en quienes enfrentaron las desigualdades y en las familias que nunca dejaron de creer que México podía construir un destino distinto.
Para mí, esta historia también tiene raíces en Iztacalco, la alcaldía donde siempre he vivido y donde he compartido con muchas personas la esperanza de construir una alternativa política al servicio de la gente. Aquí, el trabajo con los vecinos, las conversaciones en las colonias y la organización comunitaria me permitieron conocer de cerca las necesidades y aspiraciones de las familias. Cada encuentro reafirmó mi convicción de que la política tiene sentido cuando escucha a la gente y contribuye a mejorar sus condiciones de vida.
Esa experiencia me enseñó que los movimientos sociales no se construyen de un día para otro. Requieren perseverancia, confianza y el compromiso de personas que dedican su tiempo a una causa colectiva, muchas veces sin esperar reconocimiento. Por eso, recordar estos quince años también significa reconocer a quienes hicieron crecer a Morena desde las colonias, los pueblos y las comunidades.
Nuestra historia tiene raíces en las luchas campesinas y obreras, el movimiento estudiantil, las organizaciones indígenas y las mujeres que abrieron camino para conquistar derechos. Andrés Manuel López Obrador logró reunir muchas de esas inconformidades y convertirlas en una fuerza política nacional. Su perseverancia, los recorridos por el territorio y su decisión de mantener la vía pacífica permitieron sostener la organización incluso después de las derrotas electorales.
La victoria de 2018 representó mucho más que un cambio de gobierno. Abrió la posibilidad de colocar en el centro de las decisiones públicas a quienes durante años habían sido relegados. La premisa de que, por el bien de todos, primero los pobres se convirtió en una referencia para orientar las políticas de bienestar y ampliar los derechos sociales.
Reconocer la aportación de López Obrador es indispensable para comprender el camino recorrido. Sin embargo, ninguna transformación permanece viva únicamente por su historia: necesita responder a las nuevas exigencias de la sociedad y demostrar que sus principios pueden traducirse en mejores condiciones de vida.
Hoy, esa responsabilidad tiene en la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a su principal conductora. Su llegada a la Presidencia en 2024 confirmó la voluntad popular de continuar con la transformación y marcó un capítulo histórico para la participación política de las mujeres. Que una mujer de izquierda ocupe ese cargo es también resultado de generaciones que lucharon por la igualdad y por abrir espacios que durante siglos les fueron negados.
Su liderazgo enfrenta el desafío de consolidar los avances sociales, ampliar las oportunidades y defender la soberanía nacional en un contexto internacional complejo. El segundo piso de la Cuarta Transformación exige cuidar lo conquistado, atender las necesidades que persisten y construir nuevas respuestas sin abandonar el compromiso con quienes más requieren la atención del Estado.
Desde mi convicción de izquierda, considero que respaldar a nuestra presidenta significa contribuir a que ese proyecto se traduzca en derechos y bienestar. También implica mantener una relación cercana con las comunidades, escuchar sus demandas y reconocer que las organizaciones campesinas, sindicales, indígenas, de mujeres y jóvenes tienen sus propias causas y merecen ser atendidas con respeto.
En un mundo donde resurgen discursos de odio y expresiones autoritarias, México necesita fortalecer su vida democrática y la participación ciudadana. Defender la transformación significa mantener la vía pacífica, respetar las diferencias y trabajar para que ninguna persona quede al margen de las oportunidades de desarrollo.
Los quince años de Morena también nos obligan a reflexionar sobre el ejercicio del poder. Quienes participamos en este movimiento debemos recordar que los cargos públicos son responsabilidades, no privilegios. La congruencia se demuestra con honestidad, sensibilidad y disposición para servir, incluso cuando no hay reflectores.
Desde mi responsabilidad como diputado, mantengo la convicción de que el servicio público debe traducirse en acciones concretas para atender las necesidades de las familias. Escuchar sus demandas, dar seguimiento a sus preocupaciones y trabajar para encontrar soluciones son tareas que permiten fortalecer la confianza ciudadana y dar sentido a la transformación.
Pienso especialmente en quienes dedicaron años a esta causa y ya no están con nosotros. En quienes tocaron puertas, organizaron reuniones, defendieron el voto y regresaron a sus comunidades después de cada derrota. Algunos quizá no alcanzaron a ver los resultados de aquello por lo que lucharon, pero su esfuerzo forma parte de la historia que hoy nos corresponde continuar.
Su memoria no debe quedarse en un homenaje. Nos compromete a cuidar los derechos conquistados, atender las injusticias que permanecen y mantener la política como una herramienta para mejorar la vida de las personas.
A quince años de su fundación, Morena tiene ante sí la responsabilidad de demostrar que puede avanzar sin perder sus raíces. Bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, nos corresponde contribuir a una transformación que mantenga al pueblo en el centro de las decisiones y abra mejores oportunidades para las generaciones que vienen.
La esperanza no es un recuerdo que se guarda ni una consigna que se repite: es un compromiso que se renueva con cada decisión y cada acción. Honrar a quienes iniciaron este camino, reconocer la aportación de Andrés Manuel López Obrador y acompañar la etapa que encabeza nuestra presidenta significa permanecer fieles a las causas que dieron origen al movimiento.
Porque la mejor manera de celebrar estos quince años es seguir trabajando por un México con más justicia, dignidad y bienestar, sin olvidar nunca que la fuerza de Morena nació de su gente y que es junto al pueblo como debe continuar su historia.
-Pablo Trejo Pérez, Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt



