Dr. Diego Antonio PreciadoOpinión

El médico influencer: ¿educador o vendedor?

La semana pasada un paciente llegó a mi consultorio con una captura de pantalla. No era de un estudio ni de una guía clínica: era un video de otro médico que, en 40 segundos, le prometía «acabar con la próstata inflamada» con un suplemento que, por supuesto, se vendía en el enlace de su perfil. Le expliqué que ese producto no tenía evidencia. Me miró con desconfianza y me dijo: «Pero usted también sale en TikTok».

Tenía razón. Y por eso me hago esta pregunta en voz alta: el médico influencer, ¿es realmente educador o vendedor?

Empiezo por defender a mi gremio. Los médicos no solo podemos estar en redes: debemos estar. Un estudio publicado en Science en 2018 analizó 126 mil noticias en Twitter y encontró que las falsas tenían 70 % más probabilidades de compartirse que las verdaderas. Si quienes estudiamos medicina guardamos silencio, el espacio lo ocupa alguien más: el que vende tés milagrosos, el que asegura que la diabetes se cura con ayuno, el que convierte el miedo en negocio.

Hoy millones de mexicanos buscan sus síntomas en el celular antes de pedir una cita. Algunos preguntan en Google, otros en inteligencia artificial y los más aventureros en la Deep web. Explicar con claridad qué es una infección urinaria o cuándo preocuparse por la próstata no es vanidad, es salud pública; la próstata es sólo un ejemplo, pasa con terapias para controlar el peso, enfermedades psiquiatricas o cirugías mínimamente invasivas que son máximamente complicables.

El problema empieza cuando la bata se vuelve disfraz. El algoritmo premia lo que entretiene, no lo que es cierto, y la tentación es enorme: un video viral, una marca que ofrece pagar, un producto propio con nuestro nombre. De pronto el consejo médico y el anuncio se mezclan en el mismo video, sin que nadie lo aclare. El problema no es vender, todos estamos vendiendo algo, servicios, productos… el problema es el motivo de fondo… en Medicina no podemos maximizar las ganancias a expensas de disminuir la calidad en la atención, mediante productos milagro o peor con sustancias que no estan metodológicamente verificadas

Y ahí está la trampa. Cuando un médico recomienda algo, el paciente no escucha a un vendedor: escucha a alguien que juró anteponer su salud; Esa confianza no es nuestra para venderla. Usar la cédula profesional como garantía de un producto sin evidencia no es marketing: es una falta ética, aunque tenga muchos likes.

¿Cómo distinguir a uno del otro? Le propongo al lector cinco preguntas antes de creerle a cualquier médico en redes, incluido yo:

  1. ¿Cita de dónde sale lo que dice?
  2. ¿Aclara cuando un contenido es pagado?
  3. ¿Te dice «depende» y «consulta», o te promete resultados garantizados?
  4. ¿Vende algo en casi todos sus videos?
  5. ¿Alguna vez te ha dicho que no necesitas un tratamiento?

El educador acepta matices y reconoce lo que la ciencia todavía no sabe. El vendedor siempre tiene la respuesta, y casi siempre cuesta.

No creo que la respuesta sea alejar a los médicos de las redes. Creo que debemos llevar a ellas lo mismo que llevamos al consultorio: evidencia, honestidad y la valentía de decir «no sé» o «esto no le sirve». Yo me comprometo a citar mis fuentes y a decir siempre cuando algo es publicidad.

Al final, un médico influencer se mide igual que cualquier médico: no por cuántos lo siguen, sino por cuántos salen mejor informados. Los seguidores se ganan con un video. La confianza se pierde con uno solo.

-Dr. Diego Antonio Preciado

Dr. Diego Antonio Preciado Estrella

Médico Cirujano. Universidad de. Guadalajara. 2011 Laparoscopia Avanzada. Hospital Juárez / UNAM. 2017 Especialista en Urología. Hospital Gea / UNAM. 2018 Alta especialidad en Urología Oncológica. Instituto Nacional de Cancerología / UNAM. 2019 Andrología clínica. Fundaçió Puigvert /. Barcelona. 2021 Certificación en Cirugía Robótica. Hospital Israelita de SaoPaulo. 2022 Adscrito Urología Hospital Ángeles Universidad

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